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septiembre 17, 2019
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POR: Chiroboga.

Hasta siempre “Patrón de América”, Carlos Ramírez, “cantante de los cantantes”

“LA VOZ DE AMÉRICA”

NO DEJARÁ DE SONAR 

Nació para el arte. Era un martes de 1968 cuando, en el programa ‘Cachirulo y sus Cuatronautas’ de Canal 4, el niño Carlos Ramírez Centento, risueño y de pelo ensortijado, ingresaba al set para deslumbrar a la teleaudiencia. Ese concurso infantil marcó el inicio de una intensa y brillante carrera artística llena de éxitos de antología en la música tropical como “Colegiala” y “Quinceñera”. La voz del Patrón de la Cumbia se apagó la madrugada del domingo 25 de agosto, pero sus canciones perdurarán por siempre.

Tenía 11 años cuando, al clasificar para actuar todos los viernes en el espacio televisivo conducido por el humorista mexicano, la producción del canal decidió pagarle 100 soles quincenales por cantar baladas de Nino Bravo, Leo Dan, José José, Sandro y Raphael.

La pantalla chica y el aplauso del público lo atraían. Cuando tenía 15 años formó parte del programa “El mundo de los niños”, conducido por Yola Polastri, pero fue por poco tiempo, pues escaseaba el dinero y no había para pagar sus pasajes de su casa al canal. Sin embargo, esa experiencia le permitió comprobar que lo suyo era el canto.

NACIÓ EN EL AGUSTINO

Carlos Ramírez, quien en los 70 se convirtió en una de las voces emblemáticas de la cumbia peruana, había nacido el 11 de enero de 1957 en El Agustino, pero después de 5 años la familia se mudó a Chacarilla de Otero, en San Juan de Lurigancho. Tres años más tarde falleció su padre, Agustín Ramírez Ruiz. Él tenía apenas 8 años y quedó bajo el cuidado exclusivo de su madre, María Luisa Centeno.

Los designios del destino hicieron que en el barrio de su niñez tenga lugar una conjunción de estrellas. Allí también vivía Walter León, director y primera guitarra de Los Ilusionistas, así como Jorge Chávez Malaver, segunda guitarra del mismo grupo. Fueron ellos quienes le hicieron probar el sabor de la cumbia y lo introdujeron de este género musical, que estaba en plena efervescencia.

La cumbia, que es colombiana, en realidad había llegado años atrás con el venezolano Hugo Blanco y su Arpa Viajera, pero fue Enrique Delgado, director y guitarrista de Los Destellos, quien le dio cuerpo a la cumbia peruana, un subgénero donde predominan la guitarra eléctrica y los timbales. El joven Carlos Ramírez había descubierto que esa era su música.

EL HIT “COLEGIALA”

En 1974, cuando tenía 17 años, grabó su primer tema, “Las Limeñas”, con Los Ilusionistas. Luego vendría “Colegiala”, que se convirtió en éxito nacional, traspasó fronteras y fue interpretado por muchos cantantes peruanos, extranjeros y en varios idiomas.

Tres años más tarde, Carlos Ramírez, Jorge Chávez y Pedro Macavilca, quien también tocaba el bajo en Los Ilusionistas, decidieron formar el grupo América, donde impusieron “Linda muchachita” y el instrumental “Irma”.

A inicios de la década del 80 crearon el grupo Maravilla, donde grabaron grandes éxitos como “Tu corazón y el mío”, “Te alejas” y “Presumida”. Jorge Chávez, quien también falleció hace pocos meses, se quedaría al mando de este conjunto para convertirlo en uno de los más importantes de la cumbia peruana.

GRUPO CENTENO

Al año siguiente, Carlos Ramírez, con las credenciales de haberse ganado también el sobrenombre de “La Voz de América”, fundó su propia agrupación. Le puso de nombre “Centeno”, su apellido materno, como un homenaje a su madre, quien había sido cantante y lo guio de la mano por el camino de la música.

Un diente de oro que cuando reía se veía brillando, el look ochentero y la elegancia al vestir, eran su sello personal. Uno de los mayores éxitos con Centeno fue “Serrana mía”, de su propia autoría y con el que, como cábala, abría y cerraba todos sus conciertos. También impuso como hits “Hechicera” y “La noche de setiembre”, de Walter León.

Además de una voz melodiosa y con un timbre especial, tenía el ritmo en la sangre. “Siempre me gustaron los cueros, será porque vengo de familia morena”, decía Carlos Ramírez, quien con Centeno aparecía tocando la tumba, los timbales, el bongó o el huiro.

CON LOS DESTELLOS

Emocionado, Carlos Ramírez contaba que uno de los momentos más alegres de su vida fue cuando Enrique Delgado, a quién consideraba “el padre de la cumbia peruana”, le dijo un día: “vas bien, Carlitos, sigue así”. Meses más tarde lo invitó a Los Destellos, donde cantó al lado de otros grandes de la cumbia, como Claudio Morán, Oswaldo Ortega “El Guajiro” y Félix Martínez “El Chévere”. Era “la universidad de la cumbia” y Carlos Ramírez se graduaba con el tema “Quinceañera”, otro golazo musical.

El recordado músico José Luis Carvallo, quien había sacado el éxito “Cariñito” con Los Hijos del Sol, también lo invitó a su nuevo grupo, Mermelada, para sacar un LP. Por esas épocas, Carlos Ramírez grabó temas como “Carita bonita” y “El curandero” para Los Mirlos, de Tito Caycho.

En el Grupo Guinda, de Carlos Morales, estuvo entre los años 1980 y 1990. De esa época datan “Corazoncito”, “Por una cerveza”, “Salud, mi amor” y “Amor de madrugada”. Purita calidad. A Guinda le debe su internacionalización, pues con esta agrupación pudo viajar a Argentina, donde también cantó durante un año para Karicia.

LOS ECOS, MAMITA

Luego dejaría su huella en Los Ecos, mamita. Para el grupo de Beto Cuestas grabó “No quiero, no”. Estuvo en muchos otros grupos, como Los Felkas, La Constelación, Victoria y San Lázaro. En este último, por donde también pasaron Julio Simeón “Chapulín”, Chacalón y Vico, interpretó música tropicalandina, con temas como “Mundo ingrato” y “Dame tu corazón”.

Una de las agrupaciones en las que nunca estuvo Carlos Ramírez es Los Girasoles, de Félix Martínez. “Me jalo los pelos por no haber cantado para ellos”, dijo varias veces, luego de expresar su admiración por ese conjunto, que convirtió en hits “La bocina” y “La vaca blanca”.

ÚLTIMO ADIÓS

El Patrón de la Cumbia Peruana tuvo quince hijos y más de veinte nietos. Uno de ellos, Carlitos Ramírez, quien le sigue los pasos, fue quien dio a conocer su fallecimiento hace unos días. Una multitud se agolpó en su casa ubicada en el paradero 1 de Las Flores, en San Juan de Lurigancho. El último adiós, en un sentido mar de lágrimas, fue en el cementerio Mapfre de Huachipa.

Sufría de diabetes y en las últimas semanas estuvo delicado de salud. Sin embargo, trataba de olvidar sus penas con el cariño del público. Para el 29 de agosto se había programado su próxima presentación con Centeno, junto a Dina Páucar, Los Ecos y Deyvis Orosco, de Néctar. Carlos Ramírez no pudo asistir por motivos de fuerza mayor. Había hecho el viaje sin retorno.

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